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Pozos y calles rotas: el deterioro vial que también pone en riesgo a los platenses

La Plata atraviesa un escenario preocupante en materia de seguridad vial. En lo que va de 2026, la ciudad registra 25 víctimas fatales por siniestros viales, mientras que la Región ya alcanzó las 30. Detrás de esas cifras existen múltiples causas, pero hay una realidad que se repite todos los días y que continúa sin recibir una respuesta acorde: el alarmante estado de las calles.

Recorrer la ciudad alcanza para comprobarlo. Baches profundos, pavimento destruido, hundimientos, reparaciones inconclusas y calles que parecen haber quedado fuera de cualquier plan de mantenimiento forman parte del paisaje cotidiano. La situación es preocupante en el casco urbano, pero se vuelve mucho más crítica en los barrios, donde el deterioro de la infraestructura vial lleva meses —e incluso años— sin soluciones definitivas.

El mal estado del pavimento no representa únicamente un problema para la comodidad de quienes circulan. Cada pozo obliga a realizar maniobras inesperadas, frenadas bruscas o cambios repentinos de trayectoria. En una moto o una bicicleta, una superficie deteriorada puede significar la pérdida de estabilidad en cuestión de segundos. En un automóvil, intentar esquivar un bache puede derivar en una invasión de carril o una reacción imprevista frente a otros vehículos.

Pavimento deteriorado con grietas profundas, baches y remiendos en una calle de La Plata en cercanías al Parque San Martín. Se observa una tapa de registro en el asfalto fragmentado y tránsito vehicular al fondo.

Mientras las estadísticas de siniestralidad continúan encendiendo las alarmas, resulta difícil comprender por qué el mantenimiento de las calles no ocupa un lugar prioritario dentro de la agenda pública. La prevención no comienza únicamente con controles, campañas de concientización o sanciones. También depende de contar con una infraestructura que permita circular en condiciones seguras.

Lo más preocupante es la naturalización del problema. Los platenses aprendieron dónde están los pozos, qué cuadras conviene evitar y por dónde circular para reducir el riesgo de romper un vehículo o atravesar una maniobra peligrosa. Cuando una ciudad obliga a sus habitantes a memorizar el estado del pavimento para poder desplazarse, deja de tratarse de una molestia y pasa a convertirse en un serio problema de seguridad vial.

La Plata fue concebida como una ciudad planificada. Sin embargo, la realidad muestra una infraestructura cada vez más deteriorada y una brecha evidente entre las arterias principales y numerosos barrios donde las reparaciones parecen no llegar nunca. Esa desigualdad también se traduce en distintos niveles de seguridad para quienes transitan.

Cada bache que permanece sin reparar representa un riesgo latente. No todos los siniestros tienen su origen en el estado del pavimento, pero ignorar el impacto que una infraestructura deficiente tiene sobre la circulación sería minimizar un factor que influye directamente en la seguridad vial.

Las calles no se deterioran de un día para otro. Los pozos aparecen, crecen y permanecen durante meses frente a la vista de todos. Cuando esa situación se prolonga sin respuestas, el problema deja de ser exclusivamente el pavimento y pasa a reflejar una preocupante falta de mantenimiento.

En una ciudad que año tras año vuelve a figurar entre las más golpeadas por la siniestralidad vial, esperar a que el deterioro de las calles provoque nuevas consecuencias para intervenir no puede considerarse una política de prevención. La infraestructura vial también salva vidas, y postergar su mantenimiento tiene un costo que termina pagando toda la comunidad.

Pavimento de hormigón severamente agrietado en una calle del barrio La Loma, La Plata. Al fondo se ve un edificio escolar con grafitis en su fachada y una motocicleta estacionada en la vereda.