alertaTránsito

El Peligro: cuando reclamar por seguridad vial se vuelve una rutina

Hay algo que debería preocupar tanto como los siniestros viales: que los vecinos deban salir a cortar una ruta una y otra vez para pedir medidas básicas de seguridad. En El Peligro, el reclamo ya dejó de ser un hecho aislado. Se transformó en una constante que expone una realidad incómoda: la prevención sigue llegando demasiado tarde.

Por cuarto sábado consecutivo, habitantes de la localidad volvieron a manifestarse sobre la Ruta 2, a la altura del kilómetro 45. El pedido es claro y viene repitiéndose desde hace semanas: reducir la velocidad máxima a 60 km/h en el tramo urbano, instalar reductores de velocidad, incorporar cámaras de control, mejorar la iluminación, construir cruces peatonales seguros y reabrir el cruce del kilómetro 45 para evitar maniobras peligrosas. También solicitan una ambulancia y presencia permanente del SAME en la localidad para fortalecer la respuesta ante emergencias.

El corte de tránsito fue apenas la consecuencia visible de un problema mucho más profundo. Detrás de la protesta hay familias que conviven todos los días con una ruta donde todavía existen sectores señalizados para circular a 100 km/h, pese a tratarse de una zona poblada, con viviendas, comercios y vecinos que necesitan atravesarla diariamente.

La seguridad vial no puede depender de la insistencia de quienes reclaman. Cuando un pedido se repite durante semanas sin respuestas concretas, el mensaje que reciben los vecinos es preocupante: pareciera que la infraestructura necesaria para preservar vidas siempre puede esperar.

Las intervenciones realizadas hasta el momento resultan insuficientes frente a la magnitud del problema. Si bien comenzaron algunas tareas de demarcación e iluminación, las obras que los vecinos consideran prioritarias continúan pendientes. La sensación de abandono crece mientras las soluciones llegan de manera parcial y el riesgo permanece.

La historia reciente demuestra que muchas mejoras en materia de seguridad vial aparecen recién después de hechos que pudieron haberse evitado. Ese patrón se repite en distintos puntos del país y deja una pregunta inevitable: ¿por qué la prevención sigue siendo una prioridad solo cuando el reclamo ya no puede ignorarse?

La seguridad vial no se mide únicamente por la cantidad de controles o multas. También se construye con planificación, infraestructura adecuada y decisiones que prioricen la vida por sobre la velocidad. Cada cruce seguro, cada luminaria instalada y cada límite de velocidad correctamente establecido representan una oportunidad para evitar nuevas pérdidas.

Lo que ocurre en El Peligro va mucho más allá del corte de una ruta. Es el reflejo de una comunidad que, sábado tras sábado, vuelve a hacerse escuchar porque entiende que la prevención no puede seguir postergándose. Cuando los vecinos deben reclamar una y otra vez por medidas básicas para proteger sus vidas, el verdadero problema ya no es la protesta: es la falta de respuestas.