Conducir un vehículo es una responsabilidad de adultos
Desde Semáforo Vial nos sumamos al mensaje claro y contundente que impulsa la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) a través de sus campañas: los menores de edad no deben manejar bajo ninguna circunstancia. Poner a un niño o una niña al volante no es un juego ni una gracia para compartir en redes sociales, sino una imprudencia grave que pone en riesgo la vida de todos en la vía pública. Todo adulto que permite y avala esta acción, incumple directamente la ley.
Lamentablemente, este mensaje muchas veces es ignorado, tal como quedó demostrado en un indignante caso reciente ocurrido en la provincia de Chubut. Un hombre de 43 años, radicado en la localidad de Lago Puelo, fue identificado tras filmar a su propia hija de apenas nueve años conduciendo un vehículo por la calle, mientras en la parte trasera del auto viajaba otro menor de edad.
El video, que rápidamente se viralizó y generó una ola de críticas, expone el nivel de inconsciencia del adulto a cargo. En la grabación se lo escucha alardear diciendo “qué grande la piloto”, mientras la niña maneja. La situación se vuelve aún más alarmante cuando el otro niño le pregunta si él también puede conducir después, a lo que el padre responde entre risas que no, simplemente porque “todavía no llega a los pedales”.
Ante la gravedad de las imágenes, la ANSV intervino de oficio de manera inmediata y logró identificar al responsable. Desde el organismo detallaron que se procedió a la suspensión preventiva de su licencia de conducir a través del sistema nacional, marcando una postura firme frente a conductas temerarias que banalizan la seguridad vial.
Actualmente, el proceso legal y administrativo continúa en el ámbito local. Según la Ley Nº 26.363, la jurisdicción que emitió la licencia (Lago Puelo) es la encargada de notificar al infractor, reevaluar su aptitud frente al volante y determinar el tiempo definitivo de la sanción, respaldados por la potestad de la ANSV para restringir la circulación ante estas faltas.
Este episodio obliga a reflexionar y reafirmar una premisa básica de la seguridad vial: conducir exige madurez, pericia y absoluta consciencia de los riesgos. Ceder el volante a un menor es un acto de extrema irresponsabilidad que no admite excusas ni festejos, porque cuidar la vida en el tránsito es, fundamentalmente, una tarea de adultos.
