Ruta 188: riesgo en aumento
La Ruta Nacional 188 se encamina a una nueva etapa sin cambios estructurales, y el foco empieza a correrse hacia un punto crítico: la seguridad vial. Mientras avanza el proceso de concesión, el diseño previsto deja afuera obras clave para reducir riesgos en uno de los corredores más transitados del interior.
El tramo que une San Nicolás con Realicó seguirá siendo una ruta angosta, con un solo carril por mano en la mayor parte de su extensión. En ese contexto, el crecimiento sostenido del tránsito pesado —especialmente camiones vinculados a la producción— plantea un escenario cada vez más complejo para la circulación diaria.
Las tareas previstas, como bacheo profundo, repavimentación y նոր señalización, apuntan a mejorar el estado general del camino. Sin embargo, especialistas coinciden en que estas intervenciones no alcanzan para resolver uno de los principales problemas: la dificultad para realizar sobrepasos seguros.
En zonas cercanas a Junín y Pergamino, donde el flujo vehicular es intenso, las maniobras de adelantamiento suelen convertirse en situaciones de alto riesgo. La ausencia de terceros carriles o banquinas amplias limita las opciones de los conductores y eleva la probabilidad de siniestros.
Otro factor que incide es la convivencia constante entre vehículos livianos y transporte de gran porte en una traza que no fue diseñada para el volumen actual. Esto genera diferencias de velocidad marcadas y obliga a decisiones rápidas en tramos donde la visibilidad no siempre es la adecuada.
A esto se suma el desgaste propio de una ruta con décadas sin transformaciones profundas. Aunque las mejoras en la superficie pueden reducir inconvenientes puntuales, no modifican la lógica general de circulación ni corrigen los puntos críticos más peligrosos.
El resultado es un corredor que podría presentar mejores condiciones superficiales, pero con los mismos límites estructurales que condicionan la seguridad. En una vía clave para la producción y la conexión regional, el desafío no pasa solo por mantener el asfalto, sino por adaptar la infraestructura a una realidad de tránsito mucho más exigente.


