Mirar el celular al cruzar: crece el debate por sanciones a peatones distraídos

Las ciudades enfrentan un nuevo problema vial: personas que caminan pendientes de la pantalla y cruzan sin mirar el tránsito. En Europa ya aplican multas y en Argentina la preocupación aumenta.

El celular ya no es solamente un factor de riesgo para quienes manejan. Ahora también se convirtió en una amenaza para los peatones. En las grandes ciudades, cruzar una calle mirando mensajes o redes sociales es una escena cotidiana que comienza a tener consecuencias cada vez más graves en la seguridad vial.

Especialistas advierten que la distracción al caminar se volvió uno de los principales problemas del tránsito urbano moderno. Personas que avanzan sin levantar la vista, con auriculares puestos y completamente concentradas en la pantalla, reducen su capacidad de reacción y muchas veces cruzan sin advertir vehículos, semáforos o maniobras peligrosas.

Los números reflejan la magnitud del problema. En Argentina, durante 2025 se estima que cerca de 1.300 personas fallecieron mientras caminaban por la vía pública. En la Ciudad de Buenos Aires, los peatones representan más del 40% de las víctimas fatales del tránsito en la última década.

El fenómeno preocupa especialmente en centros urbanos donde conviven autos, colectivos, motos, bicicletas y servicios de reparto en circulación constante. En ese contexto, apenas unos segundos de distracción pueden terminar en una tragedia.

Diversos estudios detectaron que quienes usan el celular mientras caminan suelen cruzar más lento, observan menos el entorno y reaccionan tarde frente a situaciones de peligro. Incluso investigaciones realizadas concluyeron que una de cada tres personas cruza la calle sin prestar total atención al tránsito.

La discusión ya empieza a instalarse en Argentina. Organizaciones vinculadas a la seguridad vial consideran que el problema dejó de ser solamente educativo y sostienen que será necesario reforzar controles y campañas de concientización para frenar conductas de riesgo cada vez más naturalizadas.

Mientras las ciudades buscan adaptarse a nuevas formas de movilidad, la tecnología también impone desafíos inéditos. La calle exige atención permanente y especialistas remarcan que ningún mensaje vale más que la propia vida.