Buscan declarar la emergencia vial en Mar del Plata
La seguridad vial atraviesa un momento crítico en Mar del Plata. En poco más de tres meses de 2026 ya se registraron 26 muertes en el tránsito, lo que equivale a una víctima cada cinco días y confirma una tendencia en ascenso que se repite año tras año.
El crecimiento sostenido de los siniestros expone una problemática estructural. En 2023 se contabilizaron 40 muertes, en 2024 fueron 47 y en 2025 la cifra trepó a 75. A esto se suma un dato clave: la mayoría de los hechos fatales involucra motocicletas, con fuerte impacto en varones jóvenes, uno de los grupos más vulnerables.
El sistema de salud también refleja la magnitud del problema. En el Hospital Interzonal General de Agudos, los incidentes viales representan la principal causa de ingresos por lesiones, con miles de atenciones en el último año y una presión creciente sobre las guardias.
A nivel local, el debate ya se instaló en el Honorable Concejo Deliberante de General Pueyrredón, donde se impulsa declarar la emergencia vial. La iniciativa busca ordenar prioridades frente a un escenario marcado por la falta de controles, el deterioro de la infraestructura y la escasa inversión en prevención.
En paralelo, se avanza en la convocatoria a una jornada de trabajo para abordar el problema desde una mirada integral. El objetivo es dejar atrás la idea de que los siniestros son inevitables y enfocarse en políticas concretas: educación vial sostenida, planificación urbana, infraestructura segura y control efectivo.
Los datos más recientes sobre conductas al volante refuerzan la urgencia. Distracciones frecuentes —como el uso del celular, el mate o el cigarrillo—, junto con fallas en el uso de elementos de seguridad y la presencia de objetos que obstruyen la visión, siguen siendo factores determinantes que incrementan el riesgo en calles y rutas.
La combinación de cifras en alza, conductas peligrosas y debilidades en la gestión configura un escenario que exige respuestas inmediatas. La seguridad vial deja de ser un tema secundario para convertirse en una prioridad urgente, donde cada decisión —o su ausencia— tiene consecuencias directas en la vida cotidiana.


