Rutas 7 y 188: el riesgo crece donde las obras no llegan
El deterioro de dos de los principales corredores viales de la Región vuelve a encender las alarmas. Obras demoradas, accesos deficientes, banquinas deterioradas y cruces urbanos conflictivos forman parte de un problema que ya no puede analizarse como una cuestión exclusiva de cada municipio.
Las rutas nacionales 7 y 188 cumplen una función central para la circulación de personas, el transporte de cargas y la conexión entre numerosas localidades bonaerenses. Sin embargo, distintos sectores de sus trazas acumulan problemas de infraestructura que impactan directamente sobre la seguridad vial.
En Junín, la Ruta 188 es uno de los casos más evidentes. Su paso por sectores urbanos obliga a convivir, en pocos metros, a peatones, motociclistas, automóviles, colectivos y camiones. Barrios como San Carlos Norte, San Ignacio, Resero Norte, San Antonio y Ramón Carrillo dependen de accesos y cruces que requieren mejores condiciones de circulación.
El problema no se limita al estado de la calzada. Banquinas deterioradas, colectoras deficientes, accesos inseguros y puntos de cruce con alto movimiento generan situaciones de riesgo, especialmente para quienes utilizan la ruta diariamente para ir a trabajar, estudiar o acceder a servicios.
Uno de los sectores que concentra preocupación es el entorno de avenida Rivadavia y la Ruta 188, mientras que también se señalan dificultades en las intersecciones de República y de calle Alberdi. En estos lugares, la infraestructura debe responder simultáneamente a las necesidades del tránsito urbano y a las exigencias de un corredor utilizado por transporte regional y de cargas.
Una obra que sigue esperando
Sobre la Ruta 7, la situación tiene otro componente: la demora en la finalización de la Variante de Chacabuco.
La obra comenzó en 2017 y permanece inconclusa. Su importancia excede a la localidad de Chacabuco, porque forma parte de un corredor estratégico utilizado para conectar Junín con distintas ciudades de la Región y con importantes zonas productivas.
Completar una variante de estas características significa también sacar tránsito pesado de sectores urbanos, ordenar los desplazamientos y reducir los puntos de conflicto entre vehículos de gran porte y circulación local.
Mientras tanto, la Ruta 7 continúa concentrando un flujo intenso de vehículos y transporte de cargas, lo que vuelve todavía más relevante contar con infraestructura acorde al volumen y las características del tránsito actual.
El problema ya es regional
Los reclamos se repiten en otros municipios. Pergamino lleva años planteando la necesidad de recuperar distintos sectores de la Ruta 188 y llegó incluso a recurrir a la Justicia por obras que habían sido adjudicadas y finalmente no se concretaron.
En San Nicolás, la atención está puesta, entre otros puntos, en el enlace de las rutas 9 y 188, un sector clave para la circulación productiva del norte bonaerense.
A esto se suma el estado de la Ruta Provincial 65, otro corredor utilizado diariamente para conectar localidades de la Región.
El mapa muestra entonces una situación que no puede resolverse con intervenciones aisladas. Cuando una ruta atraviesa varios municipios, también se distribuyen entre ellos sus problemas y sus consecuencias.
Por eso, el reclamo apunta ahora a conformar una mesa regional que reúna a intendentes, concejales y legisladores de los distritos involucrados. El objetivo es establecer prioridades y reclamar obras de manera conjunta.
La seguridad vial no depende solamente de la conducta de quienes manejan. Una ruta segura necesita calzada en condiciones, banquinas transitables, señalización adecuada, iluminación donde corresponde, cruces correctamente diseñados y obras que acompañen el crecimiento del tránsito.
En las rutas 7 y 188, buena parte de esas respuestas todavía está pendiente. Y mientras las obras siguen demorándose, miles de personas continúan utilizando todos los días una infraestructura que necesita algo más que mantenimiento: necesita soluciones.
