Ruta 5 al límite: el costo invisible del abandono
El deterioro de las rutas en el noroeste bonaerense dejó de ser solo un problema de infraestructura para convertirse en una preocupación cotidiana que atraviesa a toda la sociedad. Producción, transporte y vida diaria confluyen en caminos cada vez más dañados, donde la falta de mantenimiento y obras de fondo expone a miles de personas a situaciones críticas.
Desde el Nucleamiento Empresarial del Noroeste Bonaerense vienen insistiendo desde hace años en la necesidad de una intervención urgente. Su presidente, Dardo Dameno, advierte que el escenario actual no solo afecta la economía regional, sino que tiene consecuencias mucho más graves: la pérdida constante de vidas en rutas que no ofrecen condiciones seguras para circular.
Uno de los puntos más sensibles es la Ruta 5, considerada una vía clave para la conexión productiva. Su estado actual, con tramos muy deteriorados, la convierte en un corredor complejo, donde el tránsito pesado convive con condiciones deficientes. La propuesta de transformarla en autovía, extendiendo el trazado desde Mercedes hacia el oeste, aparece como una solución estructural que sigue sin avances concretos.
El reclamo, sin embargo, no se limita a un solo trayecto. El diagnóstico abarca a toda la red vial de la región, donde el desgaste del asfalto, la falta de señalización adecuada y el mantenimiento insuficiente generan un escenario cada vez más difícil de sostener. A pesar de gestiones, reuniones y presentaciones ante distintos organismos, las respuestas no llegan con la velocidad que la situación requiere.
En paralelo, las medidas implementadas hasta ahora resultan insuficientes frente a la magnitud del problema. Trabajos menores como el corte de pasto o reparaciones puntuales no logran revertir el deterioro generalizado ni mejorar las condiciones de circulación de manera significativa.
El impacto económico también es evidente. El transporte de materias primas y productos terminados se vuelve más lento, costoso e imprevisible. Los tiempos de viaje se extienden, los vehículos sufren mayores desgastes y los costos logísticos se elevan. En muchos casos, incluso, hay trayectos que se evitan por su mal estado, lo que complica aún más la dinámica productiva.
Sin embargo, el eje de la preocupación va más allá de los números. La seguridad vial aparece como el punto más crítico, en un contexto donde los episodios graves se repiten con frecuencia. La falta de obras estructurales y de planificación a largo plazo mantiene a las rutas en una situación frágil, donde cada viaje implica un riesgo.
Mientras tanto, desde el sector empresarial continúan las gestiones para lograr que el tema ingrese definitivamente en la agenda de decisiones. El objetivo es claro: avanzar hacia soluciones de fondo que permitan no solo mejorar la conectividad, sino también garantizar condiciones más seguras para todos los que transitan a diario.
Porque detrás de cada kilómetro deteriorado, no solo hay pérdidas económicas: hay vidas en juego.


