Ruta 36: una trampa mortal en el regreso del fin de semana largo
El último fin de semana largo dejó, nuevamente, una postal que se repite con demasiada frecuencia: la Ruta 36 colapsada, peligrosa, y completamente abandonada por el Estado.
Mientras miles de conductores intentaban regresar a sus hogares este lunes, la ruta les tendió las mismas trampas de siempre: señalización inexistente, demarcación borrada y pastizales que crecen sin control a los costados del asfalto, tapando la visibilidad de cruces, accesos y curvas.

Circular por la Ruta 36 es navegar a ciegas ya que no hay señales que adviertan sobre curvas pronunciadas, límites de velocidad, ni puntos de peligro. La demarcación horizontal -esas líneas blancas y amarillas que separan sentidos y definen carriles- es prácticamente imperceptible en varios tramos. En la oscuridad o bajo la lluvia, el conductor queda librado a su suerte.
Pero este panorama no es una novedad. Es una denuncia que vecinos y usuarios repiten desde hace años sin obtener respuesta. La diferencia es que, durante un fin de semana largo, el flujo de tránsito se multiplica, y cada deficiencia, se convierte en una amenaza concreta.
Uno de los problemas más graves, y más fáciles de resolver si existiera voluntad política, son los pastizales. A los costados de la calzada, la vegetación creció hasta alturas que impiden ver lo que viene del otro lado, ya sea, un vehículo que sale de un camino vecinal; un animal que cruza o una moto detenida en la banquina. La falta de desmalezamiento no es un descuido menor: es una negligencia que tiene consecuencias directas en la cantidad de siniestros.
Los registros de siniestralidad en la ruta 36 hablan por sí solos. Los choques frontales, las colisiones en intersecciones y los siniestros por adelantamiento en tramos sin señalización son moneda corriente. Cada uno de ellos tiene, detrás, una historia de desidia institucional.
El tráfico intenso del regreso de un fin de semana largo expone al máximo las deficiencias de cualquier ruta. Con la Ruta 36 en este estado, el riesgo se vuelve inaceptable. Conductores cansados, vehículos pesados, familias con niños, motociclistas: todos conviven en una calzada que no cumple con los estándares mínimos de seguridad vial.
La pregunta que nadie en las reparticiones responsables parece querer responder es simple: ¿Cuántos siniestros y muertes más hacen falta para que se intervenga?.

