Bicicleta: la urgente necesidad de proteger al vehículo más vulnerable
Natalia (40) en Puerto Madryn, Dante (32) en Roca, Víctor Hugo (72) en General Pico y otro ciclista (48) en Bouwer son solo algunas de las trágicas pérdidas que trascendieron en los últimos días en el país. La bicicleta se ha consolidado como una opción de movilidad cada vez más elegida por los ciudadanos, además de registrar un importante incremento en los servicios de entrega y mensajería. Sin embargo, este crecimiento en su uso contrasta dolorosamente con el aumento desmedido de fatalidades en la vía pública.
Un reciente y alarmante informe difundido por la asociación civil Luchemos por la Vida vuelve a encender las alarmas sobre esta problemática. A nivel mundial, cerca de 1,16 millones de personas pierden la vida en incidentes de tránsito al año, y más de una cuarta parte de ellas transitaban a pie o sobre dos ruedas. En la Argentina, la cifra alcanza cerca de 380 ciclistas fallecidos anualmente, con picos preocupantes en distritos como la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde las muertes de ciclistas mostraron un incremento significativo registrando 11 víctimas en 2024.
Según Luchemos por la Vida: “Resulta indispensable comprender que, para construir una movilidad verdaderamente sostenible, los Estados deben asumir un rol activo mediante el diseño de infraestructura segura, la planificación de redes de conexión efectivas, controles estrictos y la implementación urgente de políticas que minimicen el riesgo de quienes eligen este medio de transporte”.
Proteger al usuario más vulnerable no es únicamente un deber de las autoridades a través de obras o controles; exige también el compromiso activo de todos los que compartimos la vía pública. Los conductores de vehículos motorizados deben asumir un especial deber de cuidado, reduciendo la velocidad, respetando las distancias de sobrepaso y cediendo la prioridad para garantizar desplazamientos seguros a peatones y ciclistas.
Al mismo tiempo, es fundamental recordar que la bicicleta es legalmente un vehículo en el tránsito y sus conductores deben cumplir con las normas de circulación. Respetar los semáforos, no consumir alcohol ni utilizar dispositivos móviles o auriculares, usar siempre el casco protector, circular en el sentido del tránsito (o por ciclovías si existen), señalizar maniobras y hacerse ver con prendas claras y luces reglamentarias son pautas esenciales para preservar la vida.
La transformación de nuestra convivencia vial requiere de un cambio cultural profundo, planificación urbana efectiva y la responsabilidad compartida de cada integrante de la comunidad. En la calle, cuidar al más vulnerable es una prioridad indivisible: de la conducta y empatía de cada uno de nosotros depende salvar vidas en el tránsito.
